martes, 8 de julio de 2014

¿Quién tiene la culpa? ¿El que finge y engaña o quien cae en el garlito?

Esta frase esta adoc con respecto a esta inercia futbolera. Donde derivado de un penalti el equipo nacional queda eliminado de la copa del mundo en Brasil, de este hecho se leen diversos comentarios pero los que tienen una mayor carga de violencia son los relacionados al árbitro que fue "engañado" por el jugador quien simuló una zancadilla. A este árbitro le corresponde juzgar lo que ocurre, lo que observa en el partido situación nada sencilla ante el deseo de ganar, pero más se complica el escenario cuando quienes participan del juego y conocen las reglas; las rompen y buscan engañar con tal de obtener el triunfo, el espíritu del "juego limpio" (fair play) no es más grande que la inercia por ganar como sea.

Pero este escenario puede aplicar a diversas temáticas en donde de forma cotidiana se denostá, se engaña y se juega sucio con tal de obtener intereses personales.

Así que la molestia colectiva que existe por el episodio futbolístico también debería de pernear e indignar en los temas prioritarios para el País y el Estado. Así se debería de despreciar la corrupción que según algunos estudios señalan a San Luis Potosí en los primeros lugares del territorio nacional, también se deberían de exigir las sanciones (como al silbante) a quienes facilitan estos actos de corrupción.

Porque permitir que sigan los abusos de las autoridades que a pesar de las denuncias se enredan en trámites burocráticos y a final de cuentas siempre gane la impunidad.

Reflexionemos respecto al "engaño" que hoy tanto ofende al sector futbolístico, veamos como ya los niños y niñas que juegan fútbol (aunque también aplica en otros deportes) buscan este engaño, muchas veces estimulados por sus propios entrenadores o entrenadoras quienes se ciegan por la pasión y la miel del triunfo sin anteponer enseñar y transmitir los valores que deben prevalecer en todo juego o competencia. Ahí podemos tener un buen ejemplo de lo que se siembra en la niñez para después cosecharse en la edad adulta.

En los exámenes y evaluaciones muchas personas siguen poniéndose de lado del engaño, que se ha sofisticado tanto que ahora hasta la tecnología puede ser aplicada a esté.

Aplicaciones para robar contraseñas de wifi, páginas donde dicen ofrecer exámenes ya resueltos de evaluaciones y hasta como colmar celulares y tarjetas de crédito no son otra cosa más que contribuir a esta práctica de engañar y aprovecharse del o los engañados.

El árbitro es una víctima más de esta cultura del engaño pues lo mismo en el patio de la escuela, en el campo llanero o en la liga municipal se repiten estas acciones,

que lamentablemente funcionan y dejan el equivocado mensaje de que "se vale" para ganar y no se dan cuenta.

Entonces parece que se valen hacer muchas cosas mientras no se den cuenta. Se vale ofender a las o los compañeros en el salón mientras no se den cuenta, se vale tomar en la tienda los productos sin pagarlos mientras no se den cuenta, se vale quedarse con un objeto que nos encontramos aunque no sea nuestro al fin que nadie se dará cuenta.

Es decir que en la opacidad y basados en el engaño se vale sacar ventaja y hasta cometer actos indebidos


El engaño fractura la confianza, cimbra en lo más profundo de la naturaleza por el respeto a los demás, debilita los esfuerzos por salir adelante de forma honesta y pone en duda la legalidad y eficiencia de las normas, y puede ser que lo más riesgoso sea que de continuar esta cultura todos y todas estaremos desconfiados, sin ánimos de aportar o bien resignados ante el engaño...

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