martes, 4 de noviembre de 2014

Los desafíos del ombudsman

En México la figura de las comisiones de derechos humanos se encuentran en una etapa de consolidación, la Nacional está en sus 25 años y la de San Luis Potosí 23, organismos relativamente jóvenes pero con una importancia trascendental en su mandato.

Es necesario recordar que el término ombudsman deriva de un término europeo se empleó en Suecia en 1809 y se aplicó para definir al funcionario investigador de las quejas del público en contra de la burocracia gubernamental. En Suecia se consolidó y de ahí se trasladó a otras ciudades del mundo. El primer Ombudsman fue el Barón L.A. Mannerheim.

El mandato para los organismos estatales y nacional no ha cambiado a este término original, pues constitucionalmente en el artículo 102 apartado B se señala la función de las Comisiones, que esencialmente es recibir quejas en contra de los servidores públicos en el ejercicio de sus funciones.

Los organismos públicos autónomos de defensa de derechos humanos nacieron con el mote de que "defienden delincuentes" tal vez sus orígenes, la forma de actuar de sus primeros funcionarios o la publicidad de su trabajo les acarreó este equivocado calificativo. Que además ha perdurado y servido de justificación entre algunas autoridades respecto a su deficiente trabajo. Todavía hoy en día hay quien dice que por culpa de los derechos humanos no pueden hacer su trabajo o que desde que existen los derechos humanos todo se descompuso.

Nada más equivocado, las comisiones tienen un fin común que es: buscar siempre la legalidad, promover los principios de respeto y dignidad de la persona, de todas las personas.

Aún y cuando sus funciones incluso parecieran limitadas, las autoridades y una parte de la sociedad (que desconoce sus alcances) le juzgan de manera equivocada, si aumentan los delitos dicen que es por los derechos humanos, si hay rebeldía en las escuelas y hogar dicen que es por los derechos humanos, si las personas acusadas de un delito obtienen su libertad dicen que es culpa de los derechos humanos... En este escenario su transitar no ha sido sencillo, pues por un lado se ha confrontado con las autoridades para ganar un reconocimiento en su labor de investigación y al emitir sus recomendaciones. Y por el otro se ha buscado contar con el apoyo de la sociedad buscando las alianzas que le permitan legitimar su trabajo.

En nuestro País no es sencillo defender derechos humanos, esta profesión juntó a la de los periodistas es la más riesgosa para desempeñar, siempre se está en la posición de incomodara y lastimar intereses de grupos de poder, si observamos el escenario que existe en la actualidad donde priva la impunidad, donde la autoridad no realiza su función y por el contrario persigue intereses personales, donde el nivel de justicia sólo crea desaliento, no abona nada a la cultura de los derechos humanos.  Eleonor Roosvelt alguna vez dijo: que “es más inteligente tener esperanza que no tenerla, tratar de hacer las cosas que no intentarlo”. Estaba convencida de que “el futuro pertenece a quienes creen en la belleza de sus sueños”. Por ello las y los defensores de derechos humanos somos idealistas soñadores.

En estos momentos de crisis es donde las Comisiones deben de honrar a su mandato, sin miedo, sin titubeos y con plena autonomía. Siempre será mucho más fácil denostar y criticar a las instituciones y esto no pretende alejarse del escrutinio social y de la transparencia y rendición de cuentas que debe garantizarse plenamente. Pero no olvidemos que ha costado tanto trabajo y esfuerzo consolidar organismo públicos autónomos, que para ciertos grupos es apremiante debilitarles sin ningún remordimiento y bajo cualquier argumento.

Siempre habrá cosas en que mejorar, si es así que se digan puntualmente, pero no mediante los ataques mal intencionados y desde las tinieblas. Siempre existirán posturas distintas, gracias a esa diversidad es que se puede avanzar y crecer.

La progresividad de los derechos humanos hoy debe de estar más presente que nunca, reconocer que su mandato es el de constituirse como una magistratura de opinión, de pronunciarse en todos aquellos casos como la voz del pueblo, del débil, del ofendido. De ser un contra peso de los abusos de la autoridad y siempre estar del lado de las víctimas.

Y ese camino aún tiene mucho por andar...



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